Mujeres Emprendedoras: Familia, Negocio y Sueños en Equilibrio

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Cuando se piensa en emprendedores famosos, que se han convertido en íconos de la iniciativa empresarial, resulta natural citar nombre como Bill Gates (Microsoft), Steve Jobs (Apple), Richard Branson (Virgin) o más recientemente Mark Zuckerberg (Facebook). El patrón dominante en el mundo del emprendimiento sigue siendo el de los hombres que han hecho su fortuna en sectores de gran crecimiento, ligados de manera particular al ámbito tecnológico.
Existe otro universo del emprendimiento formado por los que Baker y Aldrich (1997) definieron como “emprendedores invisibles”, para referirse a las mujeres que aun habiendo desarrollado iniciativas de valor global han sufrido, permanentemente, la falta de atención de los medios, de la opinión pública y, en cierta medida, del sector académico. Buenos ejemplos de mujeres pioneras son Anita Roddick, que con su Body Shop introdujo los conceptos de Responsabilidad Social, comercio solidario y desarrollo sustentable, antes de que se convirtieran en temas centrales en la bibliografía de negocios, y Oprah Winfrey, la afroamericana de humilde cuna que ha sido capaz de construir un imperio mediático.

El auge del emprendimiento femenino es un fenómeno innegable, y desde hace poco más de una década se ha convertido en objeto de investigación, aunque con frecuencia con una óptica que compara los sexos y trata de responder la pregunta de en qué se diferencian las mujeres de los hombres emprendedores.

Se ha intentado encontrar las brechas, las discriminaciones y los obstáculos que deben ser superados para que las mujeres gocen de las mismas oportunidades al iniciar sus negocios, y en algunos casos se cae en una visión simplista de “feminismo liberal”, en la cual se supone que el camino correcto es permitir a las mujeres comportarse como hombre. La investigación que se presenta aquí fue realizada durante la fase de diseño del I Programa de Formación para Mujeres Emprendedoras (febrero-junio 2010), desarrollado en el ámbito de la estrategia de responsabilidad social del IESA, en alianza con la Fundación Cisneros y la Organización Miss Venezuela, y con el apoyo de la Alcaldía de Baruta de Caracas.

Su objetivo central fue ahondar en la comprensión de las mujeres emprendedoras, público objetivo del programa de formación, con el fin de diseñar los contenidos en función de sus expectativas acerca de la actividad emprendedora, sus necesidades de formación y el grado de desarrollo de sus iniciativas.

Emprendimiento femenino: el enfoque académico

Las mujeres emprendedoras inician empresas con menor capital y menor endeudamiento, lo cual es atribuible en parte a las menores exigencias de sus sectores de actividad y, en parte, a una probable discriminación en el acceso a recursos financieros formales. La mayor asistencia financiera en las etapas iniciales viene de la familia (66,7 por ciento), los amigos (30,3) y otras fuentes (18,2).

Pero lo que resulta más interesante es que la familia sigue contribuyendo al crecimiento del negocio en más de la mitad de los emprendimientos. En cuanto al desempeño de las iniciativas, el sexo parece influir en la autopercepción de la capacidad de éxito y en el establecimiento de objetivos de crecimiento del negocio. El desempeño puede verse influido también, en el caso de las mujeres, por la existencia de una red familiar de apoyo al negocio. El reporte del Monitor Global del Emprendimiento (GEM, por sus siglas en inglés) correspondiente al 2006 sobre emprendimiento femenino confirma que en países de menor desarrollo económico existe una mayor actividad emprendedora de la mujer en las clases populares, como factor de autoempleo y motivada por la necesidad. De la misma manera, según Smith-Hunter y Leone (2010), estudios realizados en países latinoamericanos han mostrado un papel activo de las mujeres como generadoras de ingresos, en especial en hogares de menos recursos. Se trata en muchos casos de iniciativas de autoempleo, desarrolladas con la colaboración de otros miembros de la familia, que sustituyen con frecuencia la posibilidad de una entrada formal al mercado laboral y les ofrecen mayor autonomía en los procesos de decisión familiar.

Emprender en Venezuela

Según el estudio GEM Venezuela 2009-2010, existen en el país 2,9 millones de emprendedores, lo que equivale al 18,7 por ciento de la población de 18 a 64 años. De este grupo 48% son mujeres. Los sectores de actividad más frecuentes entre los emprendedores propietarios en Venezuela reúnen al 44 por ciento de los hombres y al 71 por ciento de las mujeres. El sector de mayor actividad es el de venta de alimentos y bodegas, seguido por comida rápida, venta de productos de cuidado personal y servicios de estética y peluquería. En la mayoría de los casos son negocios con bajo potencial de crecimiento e innovación.

No existen diferencias importantes entre los sexos en cuanto a la percepción del emprendimiento como carrera deseable y fuente de respeto y reconocimiento social, en ambos casos con muy elevados porcentajes.

La emprendedora ideal

Se atribuye importancia central a la familia, que se presenta siempre de manera armoniosa, con la visión del hogar y la preocupación de lograr el equilibrio entre la familia y el trabajo. Se pone en evidencia la necesidad de una gerencia cuidadosa del tiempo, para rendir las 24 horas del día, para hacer frente a todos los compromisos y los múltiples papeles de madre, esposa y mujer trabajadora. “La emprendedora ideal se encuentra en la cima de éxito, porque ha logrado emprender su negocio y proyectos de vida”. También se repite la imagen de la mujer ejecutiva, pero siempre a la moda, que lleva su maletín lleno de “pensamientos emprendedores” y está volcada a un proceso de búsqueda de conocimientos y aprendizaje continuo: “siempre falta algo por aprender”. La compresión del proceso de negocio es evidente en las ilustraciones de la identificación de oportunidades, los aspectos de logística, el financiamiento, la administración y la organización, hasta los detalles del mercadeo, como el desarrollo de la marca y del espacio de ventas.

¿Qué debe tener una mujer emprendedora?

Los resultados se relacionaron de manera espontánea con la personalidad, los valores y las capacidades. En cuanto a la personalidad las palabras de mayor coincidencia fueron: optimista, alegre, energética, proactiva, decidida, dinámica e independiente. En valores se reafirmó la prioridad de la familia, acompañada por la responsabilidad, la honestidad, la ética y la constancia o perseverancia. Con respecto a la capacidad para emprender resaltan el conocimiento del negocio, la claridad de ideas y metas, la planificación y las decisiones, así como la creatividad e innovación. Un aspecto que generó particular interés, y que había quedado plasmado en los dibujos, fue la capacidad de equilibrar los ámbitos de acción de la familia y del trabajo.

¿Por qué emprenderías tú?

La última consistió en relacionar el ejercicio desarrollado con su dimensión personal, planteándoles explorar sus motivaciones para emprender. “Realizar mi sueño” fue el primer aspecto mencionado, junto con “enfrentar un reto, alcanzar el éxito, la libertad personal y reforzar mi autoestima”. Sin embargo, casi de inmediato, las mujeres restablecieron la centralidad de la familia —“el deber de la mujer en el hogar”– y mencionaron aspectos tales como “contribuir al desarrollo familiar, tener más tiempo para la familia, ayudar a mi pareja, lograr la unión familiar”. Se evidenciaron también motivaciones puramente utilitarias como son cubrir gastos en el hogar, lograr independencia económica, tener seguridad de ingresos y tener más tiempo libre. Finalmente nombraron aspectos de carácter general como aprender a emprender, mejorar la calidad de vida, crecer, lograr bienestar y prosperidad.

Una ruta para emprender

También se desarrollaron dinámicas centradas en el mejoramiento de capacidades personales de autoestima, perseverancia y resiliencia, y habilidades de trabajo en equipo, liderazgo y comunicación. El reto y la ruta que queda por construir consisten en promover un ambiente de estímulo y apoyo a la iniciativa de las mujeres, donde el proceso de formación sea sólo la primera etapa de una cadena de valor, en la que instituciones públicas y privadas –de financiamiento, incubación y promoción-puedan garantizar los mejores frutos a esa fuerza indetenible del progreso que son las mujeres venezolanas.

Fuente: http://geniodemujer.com/mujerynegocios.php

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